Entre las fojas de nuestros arcfivos, encontramos esta joya de la literatura del enfado y la tragedia. Se trata de un texto escrito en una servilleta atribuido a Bobby Bourbon por que al calce dice que fue escrito por Bourbon Bobby, conocido seudónimo de la persona en comento. Sus líneas, tratan la angustia del personaje, pero no la alivian; buscan la perfección del dolor, pero no lo encuentran. De cualquier forma se trata de un circunloquio para decir: “creo que la chorrié”, pero sean ustedes los testigos…

Whiskey el Diablo

“No me gustan los metiches”

El Club estaba más negro que otras noches. Había tanto humo que parecía la neblina de un río de muer-teeee. Yo estaba sentado en la barra y Johnny se lucía con los whiskeys. Poco a poco, entre la niebla de tabaco se abrió un hueco y pude verla. Así, en su vestido rojo, era sangre y yo vam-pi-rooooo. La banda tocaba una melodía cuyo título era perfecto para decírselo al oído: You & the night & the music. Pero el mareo me impedía ir de inmediato. Johnny adivinó que me acercaría a ella y me sujetó del brazo -No vaya Bobby, no vaya- Me levanté como pude y me acerqué a la mujer.
- Ese ron sabe mejor acompañado.
- No me gustan los metiches-. Me dijo.
- A mi tampoco.- respondí.

Pronto estuvimos hablando borrachos y de amor. Horas después, sin su vestido rojo, se veía igual de atractivaaaa. Saliendo del hotel y con mi sonrisa de idiota, me pidió que pasáramos a ver a alguien para entregarle un recado. Se bajó de mi auto viejo y tocó en el portón de lámina ne-gra. Entró, y todo fue silencio. A los pocos minutos salió pálida y agitada. Subió al auto, lo encendí sin preguntar nada y nos largamos.

Al día siguiente llegué al Club y no vi a Johnny, tampoco el día después, o al que siguió. Al cuarto día me ganó la curiosidad y pregunté a Jimmy por él.-¿Johnny? A Johnny se lo llevó parca- me dijo mientras llenaba mi vaso de whiskey. Esa noche el Club volvió a estar negro y entre la niebla volví a verla. En su vestido rojo, era sangre y yo vam-pi-rooooo. Jimmy adivinó que me acercaría a ella y me sujetó del brazo.
-No vaya, Bobby, no vaya.- me dijo.
–No me gustan los metiches.- respondí.
–No vaya, Bobby- es la viuda de Johnny.

Texto escrito por Bourbon Bobby

Esta es la versión estenográfica de una de las últimas intervenciones de Bobby Bourbon en el Club. El carácter atormentado de este personaje es claro como el cielo despejado. En este escrito podemos ver lo que está entre líneas: espacios en blanco. Pero también, que Bobby es un tipo con dominio de la sinestesia, la hipérbole… y la verborrea.  

“Sólo ver, apesta”
por Johnny Bourbon  

¿Nada que ver esta noche, Bobby?- me preguntó Jimmy. – Eso me temo, pero sabes, Jimmy, uno piensa que a veces es mejor sólo mirar, ver cómo otro se ahoga en la desgracia mientras uno sale impune. Pero sólo ver, a veces apesta. Una noche Molinar, que es francamente feo, se sentó junto a mí en la barra. Esa noche se quitó sus lentes de fondo de botella esperando que lo miraran como a un semental sin falla. Del otro lado, Federica, que es francamente fea, esperaba encontrar un hombre que la mirara sin pudor. Ella era espiga de sal, él era fuego y el infierno podía arder en cualquier instante. Ella se acercaba y alejaba, y Molinar intentaba enfocar aquella mancha que le parecía totalmente sensual; Federica sentía que la miraban tan lascivamente como deseaba. Yo sólo veía las llamas potenciales de esa inusual pareja, pero a veces, sólo ver, apesta.

 

 Llevaban horas en ese flagelante jueguito del coqueteo, en ese ánimo masoquista con olor a pura tragedia. Entonces Molinar hizo algo estúpido: se robó una canción de Stanley Turrentine y me pidió que le dijera a esa mujer This guy’s in love, este hombre está enamorado. El quería tomarla sin tapujos, ella requería que la tomaran sin miramientos. Acudí a dar el mensaje, pero Federica confundió las cosas. Pensó que yo era quiien la miraba, y es cierto, la miraba, pero no lascivamente como deseaba, ese era Molinar, a veces, sólo ver, apesta. Le intenté explicar pero fue tarde, ella me besó; la empujé por reflejo y absorta, dolida, escapó. Sólo para tropezar con Molinar unos metros más allá. Él la miró fascinado, pero ella le dijo que era un imbécil, como todos los hombres y continuó huyendo. Me acerqué a Molinar. –Sabes, Bobby –me dijo -nunca creí que confesarle mi amor a esa mujer, le pareciera tan atrevido, gracias Bobby, por darle mi mensaje-. 

 Tomé mi whiskey, y sin decir palabra, me fui apestando a desgracia. Sólo ver, apesta.

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