Ecos del Outside Lands

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El año pasado, a finales de agosto, se llevó a cabo la segunda edición del Outside Lands Music & Arts Festival en la progresista ciudad de San Francisco, California. Con sus aciertos y sus errores (es un festival aún muy modesto), ofreció números realmente entrañables. Mi misión hoy es recuperar un poco de lo que vi y escuché a través de ésta reseña basada en la memoria, de manera particular la tocada de los Silversun Pickups. Evitamos así la visceralidad y evocamos la nostalgia por un festival que pinta para llegar lejos.

Silversun Pickups.
Escenario: Lands End.
Viernes 4:15 pm.

“Somos una banda de una ciudad, no muy lejos de aquí a la que ustedes suelen odiar”, dijo Brian Aubert después de la segunda canción de su concierto ese viernes en el Outside Lands. Después agregó dos muestras del poder del grupo consentido de Los Angeles (en este momento) y del sonido que muchos han comparado ya con el de los finalmente malogrados Smashing Pumpkins (hay quienes se atreven a afirmar que las iniciales de las dos bandas, SP, son las mismas de manera intencional), pero que al verlos interactuar, interpretar y sacar alaridos de las guitarras, demuestran mayor influencia de los Pixies (escuchen “Surrounded”). Justo así se movieron ese viernes en el escenario principal, como unos pequeños duendes escandalosos y mal hablados.

Ahí, finalmente frente a nosotros, la evidencia de su sonido era tal que el fantasma de los Smashing se desvaneció, especialmente con las canciones del nuevo disco y el bajo poderoso y muy profundo de Nikki Monninger lanzando su admiración y admitiendo entrenamiento espiritual de parte de Kim Deal, golpeteando las cuerdas y evitando la maniobra guitarrera en un instrumento que en estas canciones recupera espacio, integridad y dignidad. Es decir, Nikki hace muuuucho más que los coros, muchísimo más.
Después están los tambores, vivos y deslumbrantes, con una lucidez tal que desentonan con la cabeza de Chris Guanlao que agita la larga cabellera como si tocara heavy metal. Y eso nos entrega la batería, un heavy metal aletargado y revoltoso pero con todos los ingredientes que una buena canción debe tener en un grupo de metal. ¿Ejemplos? Hay que escuchar en vivo “WeelThought Out Twinkles” (con todo y bajo, por supuesto), que en esta presentación se alargó mortalmente, con decibeles realmente groseros y abusivos, seguida quizá de “Future Foe Scenarios” o “Panic Switch”… explosiva y burbujeante cualquiera que haya sido.
Ahora que hablamos de burbujas, este concierto de los Silversun Pickups funciona justo así, con esquema de burbujas en un conjunto alucinante. Cada rola empieza abajo, casi susurrante, hasta que la guitarra y esa batería metalera se apoyan en el bajo para dar un salto e inflar la canción, que crece acústicamente hasta que puede alojar los gritos ahogados de Aubert que a su vez reimpulsan la canción inyectando más zumbido y aire a lo que escuchamos. La guitarra, los teclados, el bajo y la batería ocupan posiciones equidistantes y desde su sitio engrosan los ruidos y los acordes que han navegado toda la canción. Es una construcción casi épica que se sucede y hace del concierto en su conjunto un experiencia similar, y que provocó que “Draining” se transformara por completo de la versión en el álbum, a una maniobra de alto riesgo en el escenario que daba la espalda al océano.
El final, después de miles de canciones más que se alargaban lo suficiente para ver crecer un árbol (“Three Seed” sonó tan inspirada y ruidosa que daba miedo), de que sus guitarras se desbocaran una y otra vez en ejercicios épicos (que tampoco tienen nada que ver con Muse, para aquellos que lo hayan temido), llegó una nueva declaración a manera de agradecimiento.
“Estamos muy contentos de tocar aquí en San Francisco y agradecidos de las oportunidades que un festival como este brinda. Hoy pudimos ver en vivo a una de las mejores bandas que han existido en la historia de la música, Built to Spill y queremos decir aquí que los admiradmos y que sí, son el mejor grupo en el mundo”.
Después, el cierre-encore (la canción duró más de 8 minutos sacados de sus 5:54 originales, tan rasposa y llena de pólvora que era como ver a lo Pixies sonreirse sabiendo que lo que sigue es un salto suicida); una versión eterna de la canción que los colocó en los cuernos de la luna y que, con todo y su poder desmesurado, su popularidad, su nivel y sus jugueteos melódicos, no fue la mejor de esa tarde. Así es, señoras y señores, esta banda tiene futuro. Sabiendo que tenían que cerrar con su gran hit, complaciendo tanto a los melómanos como a quienes los conocemos desde que salieron del lodo, enterados del mercadeo de los festivales, entendiendo el juego entre un público tan heterogéneo como la misma ciudad de San Francisco lo es, “Lazy Eye” sonó tan diferente a ella misma que hasta puedo decir que hubo cierto desprecio en su ejecución. La relación amor-odio perfecta.
Silversun Pickups. Por favor, no les pierdan la pista. Hoy les dejo de tarea escuchar “Catch and Release”.

Post Data. Lo mejor de toda esta tocada es que, humildemente, los cuatro autografiaron mi disco.

YouTube Preview Image

-Video de la transmisión oficial del festival-

Luna nueva

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Irritemos sensibilidades

A través de varios medios he dejado claro que la propuesta de la saga Crepúsculo así, sin terminar, me parece pobre y sin ningún tipo de sentido. Entiendo por qué quienes la admiran y le rinden honores lo hacen. Pero eso no tiene nada que ver con que esté de acuerdo o no con todo ello.

Vampíricamente hablando Crepúsculo y sus continuaciones no se conforman con aportar nada al mundo nocturno que cuenta, sino que deshacen con la viga en la mano todo lo que los seguidores de ese universo adoran.

Amorosamente hablando, dejémonos llevar por el hecho de que cuentan las aventuras de tres chicos enredados en un triángulo amoroso. Los triángulos amorosos ocurren cuando por lo menos uno de esos vértices le da gusto al cuerpo con los otros dos. Pues bien, ni en Crepúsculo ni en Luna nueva hay calor, nadie le pone con nadie como en, digamos, Los soñadores, de Bernardo Bertolucci (véanla y luego me dicen siLuna nueva es un triángulo amoroso), así que esa opción también está descartada.

Tampoco se trata de una comedia romántica pues nadie en toda la película se ríe, ni en la pantalla ni frente a ella… por lo menos no de manera voluntaria. ¿Es un enfrentamiento de dos mundos nocturnos? No. Ni el lobo ni el vampiro le entran a los trancazos, puro perro ladrador. ¿Como producto de mercado? Eso sí, a ese entendimiento sí podemos llegar.

Luna nueva, la película que le antecedió y las que vienen son un producto perfectamente fabricado y, desde que comenzó pudimos ver su mercado: la adolescencia del siglo XXI, sin padres represores ni tabús alrededor del sexo, sin ataduras y sin compromisos, casi nihilista en cuanto a las relaciones personales y por lo mismo, inconcientemente nostálgica del romanticismo. Es decir, historia de amor para gente que nunca lo ha vivido (si es que existe).

Sin embargo, tampoco vamos para allá. Hoy nos toca reflexionar alrededor de un soundtrack tan heterogéneo dentro de una película tan débil, un fenónemo en el que nadie le aporta nada a nadie y en el que confirmamos el carácter hipermercantilista de esta saga anti vampírica.

Muchos de los defensores de Luna nueva se escudan en la canción de Thom Yorke y afirman que él mismo se declaró seguidor de las aventuras de Bella. Otros tantos le inyectan toda la oscuridad que le hace falta mencionando nombres de bandas como Black Rebel Motorcycle ClubEditorsBand of Skulls. En primera, como si fueran tan oscuros; en segunda, apenas se oyen en la película. El hecho de que también suenen Death Cab For CutieSea WolfGrizzly Bear no le da más onda ni a los vampiros ni a los hombres lobo. Ya de The Killers ni hablamos… creo que son los únicos que encajan en la película.

¿Por qué están todas esas bandas ahí? Están intentando que a través del soundtrack inocentes palomas vean la película y dejen su dinero en la taquilla, pensando o que la cosa mejoró de la primera a la segunda, o que las canciones sonarán fuerte y claro. Ni lo uno ni lo otro.

Ahora, si lo vemos como una lista de reproducción simple y sin nada detrás, podemos decir que quien la armó tiene bastante idea de lo que puede sonar en un viaje DF-Cuernavaca en nuestro iPod. Solamente la lista de las bandas puede erizarle el vello a muchos de la emoción:

Death Cab For Cutie

Band Of Skulls

Thom Yorke

Lykke Li

The Killers

Anya Marina

Muse

Bon Iver & St. Vincent

Black Rebel Motorcycle Club

Hurricane Bells

Sea Wolf

OK Go

Grizzly Bear

Editors

Alexandre Desplat

Después de todo este rollo solamente pregunto e invito a participar. Si se tratara de una película de vampiros, ¿qué bandas deberían sonar? ¿Y si fuera una película sobre un triángulo amoroso? ¿Quién estaría en la lista si Luna nueva fuera una comedia romántica? Hagan sus listas y péguenlas aquí.

Las películas del día de muertos.

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¿Por qué existe el Día de Muertos? ¿A quién se le ocurrió hacer un Pan de Muertos? Son preguntas que no responderemos esta vez porque podríamos viajar siglos al pasado y no evitaríamos repetir los clichés que año con año nos recetan en la tele. El asunto es que se trata de una temporada que suena bien, huele bien y sabe mejor y que, manteniendo las sanas distancias, nos ha enseñado en bien del reventón y los fines de semana largos, que podemos perfectamente bailotear y brincotear con el Halloween para después tragar Pan de Muerto y calabaza en tacha hasta que reventemos, adornar las plazas, ventanas y aparadores con ofrendas y, para los más clavados, recetarse una sesión de cine de espantos, como decían los abuelos, o de horror, como le quieren llamar hoy a toda película que incluya cuchillos, ouijas, sangre o resucitados (en cualquiera de sus modalidades).

Pensando en eso, podemos hacer una buena selección de lo que se debe o se puede ver en estos días en que anochece muy temprano y hace frío rico, como para beber ponche y entrarle a clásicos como El vampiro, que hace un par de años se editó en dvd en México y que es, exceptuando los efecto especiales que han sido rebasados miles de veces, un peliculón. Lo mismo le pasa a Macario, con el buen Ignacio López Tarso, que aunque no es de horror, es un clásico de esta época del año. Las obvias son El exorcista, El despertar de los muertos y hasta El resplandor, con la infaltable El Show de Terror de Rocky, que tampoco es de horror, pero que sí merece la pena verse en estos días.

También con algo de ganas de molestar paso esta lista de películas del 2000 para acá, esas sí todas de horror, y que no es por nada quedó más completa que algunas que leí por ahí. Tuve que abrir el género para que entraran todas las mejores posibles y doy un par de pilón, para que no vayan adecir por ahí que las listas que leí estaban flojas por falta de propuestas. Aquí va la mía, auxiliado por el heroico cuerpo de colaboradores en Cinegarage.

El orfanato.

Director, Juan Antonio Bayona.

Es casi un thriller psicológico, pero los toques sobrenaturales la dejan quedarse en el corral de nuestra lista. Es, al lado de películas como REC (que no está en la lista) la prueba de que los españoles están recreando el género a su gusto y con sus elementos. Un tanto melodramática, seguro, pero con momentos que a varios hicieron saltar en el asiento. Por ahí se respiran secuencias a lo Guillermo del Toro.

No-Do.

Director, Elio Quiroga.

Se vió en función especial en el Festival Internacional de Cine de Morelia de este año y fue una gratísima sorpresa. Fantasmas que aparecen en viejas películas (No-Do es el nombre popular que en España le dieron a los Noticieros y Documentales que pasaban antes de las películas en los cines) drama oscuro, suspenso, horror a la antigua, la cara de Ana Torrent a quien recordarán en la también magnífica Tesis, y más. Por ahí andará muy pronto.

Ju-On

Director: Takashi Shimizu.

Desde antes ocurría, pero con ésta, a la que se conoció como La maldición cuando se hizo la versión gringa con Sarah Michelle Gellar, en pleno 2002, era ya evidente que los gringos estaban perdidos y el cine del resto del mundo les ganaba la batalla. Sí, son fantasmas a la japonesa, muy lejanos en referencias desde nuestra perspectiva, pero quizá por eso se convirtieron en juguetes escalofriantes.

Ringu

Director, Hideo Nakata.

Ok, es del 98, pero en la lista hay 12 películas, así que tampoco se pongan tan exigentes. Es el mismo caso de Ju-On, pues este guión también recibió tratamiento gringo y obtuvo su versión con The Ring o El aro. Sin embargo y a pesar de no tener grandes variantes, es mucho más intensa y oscura. El dvd es muy fácil de conseguir.

Cabin Fever

Director, Eli Roth.

Sangrienta, violenta, hiper comercial, llena de referencias (Roth disfruta enormemente de eso), la película y la sangre corren a la velocidad de la luz, lo que se agradece pues la convierte en un juego mecánico de nivel más que profesional. Entretenida a morir fue el antecedente perfecto a Hostal, que tampoco está en la lista… no creí que calificara como horror.

Wishcraft

Directores, Danny Graves y Richard Wenk.

La historia del misterioso paquete que te concede un deseo (tres en este caso) recibe una maquillada y una buena inyección de esteroides para convertirse en un pequeño clásico, casi desconocido. Bastante violenta y movida es lo que debió haber sido Diabólica tentación… es, si nos portamos bien con la película, la versión masculina.

The Call of Cthulhu

Director, Andrew Leman.

Dura menos de una hora, pero es de las pocas que se han atrevido a explorar el famoso horror cósmico de H.P. Lovecraft, en cuyo cuento está inspirado este viaje casi psicodélico, negro a morir, escandaloso y bizarro que lleva años dando vueltas en los círculos de clavados en el dvd. La narración de Lovecraft ya era barroca, la película hace muy buen homenaje y entega sus visiones, en todo el sentido de la palabra.

Bug

Dirige, William Friedkin.

Digamos que se trata del mismo director de El exorcista, Contacto en Francia, Vivir y morir en Los Angeles y otras delicias. Digamos que no es horror en el sentido estricto, pero su pachequez la mete y la saca del género con una facilidad que nos deja hipnotizados, babeantes ante lo que Friedkin coloca en la pantalla, entre drama psicológico, comedia negra, película de la conspiración, todo revuelto en un alocado filme que también se vió hace años en Morelia y que ha retrasado su estreno, evidenciando el pavor que le tienen sus distribuidores.

Fido

Dirige, Andrew Currie.

Una que tiene comedia y del mejor nivel. Juega con el gore y el horror zombi todo el tiempo y aunque cumple con todas las reglas de todos los géneros en los que se desenvuelve, no puede ser clasificada de manera definitiva en ninguno. Sí, hay un zombi que se come a los vecinos, completos, pero cuando recordamos que el zombi se llama Fido, no podemos evitar la sonrisa en el rostro.

Arrástrame al infierno

Dirige, Sam Raimi.

Es el regreso de Raimi a los campos que le dieron fama con los elementos dramáticos y mecánicos que le ayudaron a conseguirla. Mucha tensión, algunas sorpresas que causan sobresaltos y mucho ingenio en una película en la que lo sobrenatural es lo de menos. Importa más ver cómo Raimi está contando su historia que la historia en sí. Gitanos, babas, uñas largas, vómitos verdes y sorpesas al final. El Raimi que echábamos de menos.

Exterminio

Dirige, Danny Boyle.

Infectados, zombis, ciudades desiertas, muchas corretizas y tensión casi al límite. Mr. Boyle le dio un gran refresco al género y trajo el mito y el temor biológico al siglo XXI sin dejar de explorar sus temas de siempre: la intrínseca maldad humana, la traición, la bajeza y la casi inexistencia de vínculos reales entre los de nuestra especie, una especie que pinta muy coloridamente en extinción.

Paranormal Activity

Dirige, Oren Peli.

Digamos que entró porque la precursora, El proyecto de la Bruja de Blair, no cabía en la lista por pertenecer al siglo pasado. Recoge la misma fórmula que aquella y la vende con una estrategia de mercado muy parecida. Es del género, sin duda, y cumple las reglas, pero viéndola fríamente tampoco es para tanto. No pasa nada sino hasta 20 minutos antes del final, pero como recurre a los temores básicos universales a la oscuridad y los pasillos vacíos, es efectiva y agresiva en ese sentido. Estrena en México el día de navidad.

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Cuando el destino nos alcance

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¿¡Qué!? ¿Ponerme una camisa del PAN? ¿Del PRD? ¿Del PRI? Antes me compro una usada de Charly Montana”, decía el albañil antes de entrar al metro, donde los famosos partidos políticos regalaban camisetas hace ya algunos meses. Pensé lo mismo: antes, mucho antes, una de Charly Montana y sus greñas güeras al aire.

Y es que se lo han ganado. El desprestigio y las ganas de los votantes de no ver a los políticos nunca más, le darán vuelta a la historia tarde o temprano. El cinismo en la partidocracia será castigado por los habitantes de este país con el olvido de las “glorias”, como a Franco en España, de quien se han quitado ya estatuas y monumentos y han borrado su nombre (y el de sus compinches) de calles y plazas.

Aquí, cuando el destino nos alcance, pasará lo mismo, pero hay que tener cuidado. Con la política y la farándula mezclados de manera alarmante en la caza desesperada del voto, no queremos cambiar la Vía López Portillo por la Vía Gaviota, o Penal Santa Martha Acatitla por Penitenciaria Femenil Mayte Perroni.

Por eso me llamó tanto la atención el grito de furia del compañero albañil, que además terminó sentado junto a mí en el vagón. ¿Es hora ya de olvidarnos de los políticos y castigarlos donde más les duele, en el ego? Sí, el pueblo debe tomar las armas y salir a borrar nombres de calles y escuelas.

Imaginen a cien chamacos con sus uniformes de gala y botes de pintura dispuestos a borrar el nombre de su Pre escolar Luis Echeverría Álvarez, para después, con sus inocentes manos, pintar el nombre Pre escolar Teen Tops… o qué, ¿a poco no aprendieron a escuchar música con la versión en español de Rey Criollo o El rock de la cárcel?

Y así podemos seguirnos. Los DIF pueden ahora ser nombrados Centros de Desarrollo Infantil Chela Lora, que es de alguna manera la mejor primera dama (aunque a veces “marthea”) del rock nacional. La calle de los maestros (por culpa de Elba Esther) también puede cambiar su nombre honrando a VERDADEROS MAESTROS, es decir, llamarse Calle de Los Tepetatles, un mítico y efímero grupo de rock en el que militaban Carlos Monsiváis, Chava Flores, Alfonso Arau, José Luis Cuevas y Julián Bert. Incluso terminar con el pomposo nombre Complejo Deportivo Bicentenario para ponerle nada más Complejo Deportivo 20 años, celebrando a Café Tacuba en lugar de a todo lo que nos han dejado la independencia y la revolución.

Mejor aún, agotados nombres como Calzada La Lupita (estaría muy bien que se llamara así y llegara a La Villa) o Biblioteca Móvil Trolebús (¿dónde estarán ahora?), colonia Indie o barrio Tex-Tex, Hospital Regional Santa Sabina o Centro de Detención Juvenil Control Machete, y dejando claro que a los políticos de hoy no los queremos y no tendrán nunca una calle o gimnasio con su nombre (entre sus oscuros propósitos siempre está pasar a la posteridad a través de ello), recurriremos al rock internacional que también nos ha provocado inumerables alegrías.

Así, habrá desde un Aeropuerto Led Zeppelin hasta una Escuela de Diseño Industrial Metallica, un Jardín de Niños Coldplay y un Hospital de Especialidades The Cure; también podremos con cosas como Centro Psiquiátrico The Who, Hospital de la Ceguera Ray Charles, y el Centro de Estudios Religiosos Faith No More (o Judas Priest, por ese hay que votar); un zoológico The Animals y una Escuela de Medicina Veterinaria Def Leppard. Puede haber un Centro de Administración Fiscal Cheap Trick, el Centro de Atención a Mujeres Golpeadas Tina Turner y un parque comunitario Rolling Stones.

En lugar de bautizar parques, calles y alamedas, laboratorios y escuelas con nombres de políticos que debieron haber renunciado a su cargo, hay nombres mucho más dignos a nuestra disposición: Planetario “The Dark Side of the Moon”, Guardería Alice in Chains, una colonia Motorhead, otra Black Sabbath y una más que sea fresa como Las Lomas y que bien puede llamarse Unidad Residencial The Carpenters.

Con este ilustre movimiento ciudadano los políticos perderían, desde antes de postularse, la esperanza de quedar en la historia aunque sea dando su nombre a una calle de 15 metros, como el mismo Salinas lo pretendía (y detrás de él muchos más) y a quien le acaban de quitar el privilegio de que una taquería callejera hiper popular se hiciera llamar El chupacabras. Ya lo cerraron. Es el principio del fin.

El dentista rockero

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Y el sonido del metal en los dientes

Dedicado a mi viejo iPod, en memoria, hoy que tuve que sustituirlo por uno nuevo.

Esa débil mañana de sábado las canciones del iPod sonaban como dedicadas a mi estado de ánimo, de semicruda y desvelo total, de cansancio y sin ánimos de ir al dentista, a donde inevitablemente me llevaba una muela que por primera vez en mi vida se hacía presente en mi lista de dolores.

Xilocaína. 10:25 de la mañana. Exploración profunda. El techo del consultorio que parece laboratorio es azul… o por lo menos así lo veo.

“No”, dice el odontólogo. “Lo tuyo es más profundo, tienes que ir a que te hagan una endodoncia y entonces, cuando el doctor que te recomiendo termine, vienes inmediatamente para acá y cerramos la muela ya sana”.

A los tres días me recibe la asistente del endodoncista. Nunca en mi vida había sentido dolor de muela y mucho menos me habían hecho una endodoncia, así que no sabía lo que seguía. Una, dos, tres inyecciones de xilocaína. “La anestesia nomás no te pega” dice el doctor, que en su consultorio tiene sonando una especie de psycho con toques etno, muy hebreos si puedo decirlo así. Música para la relajación dice él, que cuando inyecta la cuarta dosis de la anestesia se da cuenta que de mi mochila sale el cable del iPod. “Esto va a tomar por lo menos una hora, ¿quieres usar tus audífonos? De todos modos no vamos a platicar”.

Impresionante, la endodoncia comenzó  con una intrusión violenta (lo puedo decir por el olor a quemado que empezó a salir de mi boca, la fresa contra el diente, fricción pura), ruido dentro del oído… y el iPod comenzó a tocar, así aleatoriamente, a AC/DC. “Hells Bells” cobraba forma mientras los aparatos del dentista iban y venían. Luego todo se calmó y de los instrumentos escadalosos pasamos a unos tan finos que apenas se sentían. Instrumentos sónicos quizá, rozaban de repente y se sentía cómo trabajaban, pero para entonces Pulp estaba haciendo de las suyas alternando con Yo La Tengo y el mensaje claro al dentista, “I Am Not Afraid Of You And I Will Beat Your Ass”, que luego se transformó en “Broken Face” de Pixies. Impresionado, estaba realmente impresionado de que mi inseparable amigo iPod estuviera platicando conmigo a la mitad de una primera sesión de una endodoncia con 4 inyecciones de xilocaína.

A esa impresión se agregaba el extra: el dentista simplemente me dejó usar mis audífonos y se comunicaba conmigo a señas mientras mi iPod le escupía (sin que él se diera cuenta, claro), cosas como “Barbarism Begins At Home” de The Smiths o  se regodeaba en las revoluciones de las fresas con “Over and Over” de Hot Chip.

La primera sesión terminó y una semana más tarde tuve que volver por mi dosis de xilocaína, extender un saludo breve y cordial para después hundirme de nuevo en el subconciente de mi iPod mientras un hombre vestido de blanco rascaba, rezanaba, metía y sacaba cosas, me miraba la muela con un microscopio muy luminoso y a veces chocaba con ese ruido interior con mis encías y la lengua. ¿Dolor? En el consultorio no. Para eso estaba el iPod, viejo y lleno de música, que disimulaba todo lo que el doctor tiraba de mí y cambiaba en mi boca, con una precisión de verdadero miedo (el doctor claro que era preciso, pero el iPod más). En la seguda sesión se dejaron escuchar “Swing The Heartache” de Bauhaus, mientras esperábamos a que la xilocaína actuara; “Disturbios” de San Pascualito Rey cuando apenas removía lo que había dejado ahí la vez anterior para empezar a trabajar; “Conventional Wisdom” de Built To Spill cuando revisaban las radiografías en la mesa de luz y “The Sniper At The Gates of Heaven” de The Black Angels cuando la cosa se puso intensa, con fierros entrando y saliendo, descargas de calor en la boca y golpeteos caóticos en mi muela. También sonó “Dead Souls” de Joy Division cuando se acercó de nuevo el microscopio y “Hello Empty Room” de WhoMadeWho cuando, (muy curioso) me dejaron a solas enjuagándome la boca.

La última sesión fue la culminación. El doctor me dijo que me veía tan tranquilo con la música (sin las 4 inyecciones por sesión seguro no lo estaría, pero bueno, había que decir que sí) que le gustaría escuchar lo que había en mi iPod. Lo enchufamos a su estéreo y comenzó de nuevo la travesía, desde “Here There And Everywhere” de The Beatles (como para conciliar) se siguió con “It Beats Me Everytime” de Peter Bjorn & John. Cuando soltó “Thieves Like Us” de New Order el doctor me dijo lo que me iba a cobrar por todo, pero parece que sólo yo detecté la indirecta (para eso el iPod es mío). Luego saltó al ruedo “Kings Of Rodeo” de los Kings of Leon y pensé que la cosa se había descompuesto al hacerla pública, pero después apareció “Last Year’s Rain Didn’t Fall So Hard” de The Twilight Sad y Luego “Odisea 2001” de Titán, cuando la cosa se volvió a poner ruda con los instrumentos.

Lo mejor, el doctor parecía disfrutar de lo que sonaba, de “Old Enough” de los Raconteurs (¿más indirectas?) de “Computer World” de Kraftwerk cuando volvieron a sacar radiografías (el mejor soundtrack para un consultorio lleno de cables, botones, pedales y con un chaleco de plomo para las radiografías, es sin duda Kraftwerk), de “Low Life” y de Fatboy Slim cuando la anestesia ya corría por toda mi cabeza, seguida por “Rest My Chemistry” de Interpol.

La cosa terminó el algún momento y el doctor preguntó si tenía tiempo para que el primer dentista me tapara la muela. Lo único que pude decir fue “tengo el concierto de Radiohead el domingo, así que si lo hacemos ya, estaré mucho más cómodo para entonces”. El doctor respondió que no los conocía, pero que fuera de una vez a que todo terminara. Salí del consultorio y el iPod dejó sonar “Bodysnatchers”, precisamente de Radiohead.

Con cuatro inyecciones de xilocaína me dejé ir, me taparon la muela y ahora el sonido del metal en los dientes me recuerda al In Rainbows.

Low Sotol

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La botella había viajado el equivalente a dos vueltas a la Tierra. De Chihuahua la llevaron a Guadalajara, luego a las calles del Distrito Federal, en San Ángel, para finalmente embarcarse a Los Angeles, en donde fue abierta por primera vez. Amenizó una noche en la que muchos intentaron sin éxito comparar su contenido con el tequila. Nada, se trataba de sotol y nadie de nosotros lo habíamos probado antes.

Después de esa fiesta me lo llevé, porque me lo habían regalado a mí, al DF, donde suavizó un atardecer de otoño típico de esa ciudad, con viento frío y sol a plomo. Al día siguiente volaba a Barcelona y Low, el disco de David Bowie, se transformó en la pista musical ideal para una bebida tan extraña, tan del pueblo pero tan elegante. Sotol.

El nombre me remitía a una de esas películas de Pedro Infante, blanco y negro y hiss en el audio. Uno de los maleantes a los que el héroe ranchero debía partirle la cara se hacía llamar “El Sotol”; el nombre se había quedado grabado en mi memoria hasta que Always Crashing in the Same Car del Low de Bowie me lo presentó en su mejor forma; miré cómo el sol se ponía detrás del distribuidor vial del sur de la ciudad, solo, con ganas de pensar en nada y sentir todo. “Nothing to do, nothing to say” dice Bowie en Sound and Vision, gran rola ese disco.

Aeropuerto de Barcelona. Me recogen para ir a comer y como no trabajo hasta el lunes prolongo la ya de por sí larga sobremesa para estar a solas, en ese otro otoño, el catalán, tibio y casi primaveral. El barrio del Raval hace que sus calles estrechas y semioscuras retumben en mis oídos con todos sus sonidos, imperceptibles sin el aditivo del vino tinto. Pakistanís, chinos, marroquís, rumanos, sevillanos, noruegos hartos del primer mundo, todos los descarriados amantes de calles vivas están en el Raval, ignorado por completo de las guías turísticas de la ciudad… menos mal.

La cita era en La bodeguita, un bar en el corazón de ese mismo Raval de calles húmedas y asfalto negro, de locutorios que cobran casi nada por llamar a Perú, Ecuador, India, Siria, China. Yo quería llamar a esa botella de sotol en mi mochila, que junto al iPod y a mi libro de viaje, rebotaban en mi espalda, provocando un ruido invocador, que competía en atractivo con el del acentazo de las chicas árabes que pedían una barra de pan en la tienda china, todos hablando en español.

La bodeguita es el bar de Armando, un chico que hace años fue adoptado por una pareja de gallegos que lo trajeron desde no sé dónde para que su piel negra destacara esa noche de manera espectacular contra el blanco de las hieleras antiquísimas en que, agradecido, enfría Estrella de Galicia, la peor cerveza del mundo, en cajones donde bien cabría la pata de una res grande. Armando es amigo de Nuria y Mar y Dani y Marisa, así que cuando llegamos le piden conectar mi iPod. Una hora, dos horas y Armando viene y se sienta intrigado… “¿qué se bebe en América? Aquí lo más famoso es el tequila y ni siquiera lo vendo en mi bar”.

Fue una invocación. Escojo a Bowie en el iPod porque el barrio me lo ha pedido desde hace horas, antes de que comenzara a llover. Low se deja descolgar de las minúsculas bocinas del estéreo de La bodeguita, como cuando la carne molida va saliendo de la maléfica máquina en que la convierten en gusanos rojos, y la botella de sotol escupe el corcho dejando que el aroma nos llegue a la cara.

La música se mete en la botella, se mezcla con el casi incoloro líquido y luego viaja por nuestra gargantas, cálida, tersa, punzante, cabrona. La oscuridad tácita del Low, el disco más anti pop del pop se aglutina con el sabor aceitoso del sotol, que no tiene nada de rancho, pero que sabe a tierra y a desierto.

“Nothing to do, nothing to say”. La maldición termina y más tarde, Armando, Nuria, Mar, Dani, Marisa y yo platicamos del Raval, donde todos están con todos. El sotol camina lento en la sangre, en las calles del barrio, perfuma la mirada, suaviza los golpes de lluvia que se dilatan con los sonidos de Weeping Wall. El sotol se agita como un toro sedado en las curvas de las venas de nuestros cuerpos y saca palabras de nuestra boca, risas, miradas de nostalgia, nos hace hablar y hablar, hasta que Subterraneans aparece de nuevo obra de la casualidad que este alcohol provoca en el universo. El sotol.

Ahí está, la lluvia, las calles del Raval, entra Txelu por la puerta acompañando de Ana Paula, mi chica, se sientan, beben un trago de sotol, casi los últimos vasos. El calor corporal sube, los colores se intensifican, el saxo de Bowie en The Subterraneas se extiende interminablemente, serpenteante, el pan con tomate hace su aparición y la oscuridad del Low toma sentido. Transiciones, el sotol y esa noche y ese viaje es de transiciones. Unos saldrán después de beberlo a partirle la cara a quien se les pare enfrente. Otros se irán a coger desesperadamente, ebrios del seXo del saXo de BoWie en LoW y la fiesta de las conversaciones será el fondo musical. Alguien más irá a besar el adoquín del Raval, otros exploraremos a partir de la plática que se destapó, las otras oscuridades, las de un planeta cruel, partido a la mitad, madreado, hijo de puta, esas verdades dignas de la misma pared de los lamentos en la que Bowie grita su desesperación y que sólo alcoholes como el sotol nos hacen ver menos trascendentes, pero no por ello, menos frívolas. La sabiduría de la botella, el sotol.

“Blue blue, electric blue, that’s the color of my room, where I will live”.

Las películas de la contingencia. 10 de Zombis.

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La cosa se pone complicada cuando nos cierran los cines, pero a pesar de eso siempre podemos ir hasta el mostrador y pedir, para no desentonar, unas cuantas películas que hagan que el encierro involuntario al que las circunstancias nos orillan sea menos monótono, aunque hablando de “tonos”, voy a recomendarles películas que lo mantengan, para que nos demos cuenta que esta onda de la epidemia es muy probablemente nuestra culpa… por una o por otra razón.

Hoy, para todos ustedes, películas de zombis. ¿Por qué? Simple, porque igual que ahora, el temor de las películas de zombis no es que nos alcancen (de hecho corren muy despacio y de aquí a que nos abren la cabeza para comerse nuestro cerebro puede llegar ayuda del otro lado del planeta); el miedo principal es no saber quién está infectado, cómo nos podemos infectar y, especialmente, qué pasa una vez que estamos infectados. Aclaremos que eso de zombi e infectados son tema aparte y que dejaremos para otra ocasión. Rompan el cochinito y láncence a rentar y ver en este orden, las pelis que a continuación nombro.

1.- Shaun of the Dead, o como la bautizaron en México, El desesperar de los muertos (2004). Edgar Wright entregó un verdadero homenaje a todas las películas de zombis jamás hechas, respetando cada una de sus reglas pero al mismo tiempo pasándoselas por salva sea la parte para armar una comedia que rompió también sus propios límites. Infectados, zombis, mundo en desastre, pero siempre, como ahora, siempre hay tiempo para tomarse una chela en el bar de la esquina.

Shaun of the Dead

Shaun of the Dead

2.- La noche de los muertos vivientes o The Night Of The Living Dead (1968). No queremos sonar alarmistas, en esta ciudad no hay muertos vivientes y no queremos que haya más muertos, pero hablando de películas que merecen todo tipo de reconocimientos, la inaugural de George A. Romero es irresistible a estas alturas de la vida. Tampoco se toma muy en serio a sí misma, pero de que vale la pena ver las corretizas en cámara lenta de la peli, vale la pena.

3.- El despertar de los muertos o Dawn of the Dead (1978). El hombre a quien le debemos la enorme lista que aquí mismo podríamos hacer, George A. Romero, nos entretendría ahora mismo de la mejor manera con la sorpresiva aparición de seres que deberían estar muertos pero que no lo están (no, no hablamos de política sino de fenómenos sorenaturales) y el combate que dos miembros de SWAT, un reportero y una chica les dan (por muy extraño que parezca) desde un centro comercial. Existen millones de versiones, pero la chida es esta.

Dawn of the Dead

Dawn of the Dead

4.- REC (2007). De Jaume Balagueró y Paco Plaza, es otra que homenajea la onda de los zombis y los infectados y en la que se ve que se divirtieron de lo lindo. Es también un muy bonito giro dentro del género y aunque no es precisamente espeluznante, sí provocó un par de ataques de ansiedad que han pasado al terreno de las leyendas urbanas. ¿Cómo se contagia uno? ¿Cuánto tarda el virus en manifestarse? ¿Qué hay que hacer una vez que se manifiesta? Hagan lo que hagan, no vayan a poner pausa al dvd.

5.- Santo contra los zombis (1962). Esta joyita dirigida por Benito Alazraki se puede conseguir también en dvd con un poco de ganitas. ¿De qué va? Por supuesto, un maléfico doctor ha creado una raza de zombis que lo ayudan a cometer sus fechorías y… ¿pero cuándo nos ha importado la historia de las películas de El Santo? El asunto es que él actúa, pelea y salva a la ciudad y de paso a doña Irma Serrano, que luego se convirtió en figura política y después en… bueno, ya conocen la historia.

6.- Sementerio de Mascotas o Pet Sematary (1989). Sí, van con error de ortografía las dos. Dirigió la pobre de Mary Lambert y lo decimos así porque esta ni califica como peli de infectados ni como de zombis, aunque al mismo tiempo podría ser de las dos cosas. Es buena por mala y divertida por la misma razón. Una vez más le hacen poca justicia al libro de Stephen King, pero por ver al niño resucitado con cara de malo podemos soportarlo todo.

7.- Exterminio o 28 Days Later (2002). El buenazo de Danny Boyle abrió su película de infectados con un Londres completamente vacío, algo que de manera más realista muchos pueden vivir en la Ciudad de México, donde la actividad se ha reducido considerablemente. Es buena, divertida, hay emoción y una sensación de desamparado muy bien lograda. Por si acaso, hay dos finales, aunque sabemos que aquel en el que todo sale bien es el favorito de todos… como ocurrirá después de que, con la epidemia que vivimos, hagamos lo que nos toca hacer.

28 Days Later

28 Days Later

8.- Plan 9 del espacio exterior o Plan 9 from Outer Space (1959). Unos extraterrestres deciden que los humanos vamos de la patada y que es hora de detener nuestros extrañísimos experimentos militares que incluyen la fabricación de una bomba solar. Para ello resucitan 3 muertos y nos lanzan una invasión de vampiros que hacen que las cosas se pongan tan divertidas que nos olvidemos de la bomba y todo eso. Bueno, quizá ese no era el plan, pero con esta peli no hay manera de parar de reir.

9.- Death Metal Zombies (1995). Una verdadera joya en la que un disco de un grupo que se llama Living Corpse hace que unos chicos se conviertan en zombis a la mitad de una fiesta. La novia de uno de ellos es la encargada de rescatarlos y de desbaratar el plan de Shengar, vocalista de Living Corpse, que justamente a través de su rola “Zombiefield”, hace que quien la escuche se transforme y obedezca sus órdenes.

Death Mortal Zombies

Death Metal Zombies

10.- Zoombies of the Stratosphere (1952). ¿Qué tal una de zombis sin zombis? Pues esta. Los marcianos quieren que la Tierra desocupe su órbita alrededor del Sol para que Marte ocupe su lugar y para conseguirlo hacen desde una bomba hasta viajes espías a nuestro planeta. La peli es tan vieja que no sabían que la onda de infectados caminando por las cales iba a ser más efectiva que la de los marcianos mal intencionados. No tiene desperdicio y si alguien nos dice por qué le pusieron así sin que salga un solo zombi en la peli, se lleva un premio.

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