“¿¡Qué!? ¿Ponerme una camisa del PAN? ¿Del PRD? ¿Del PRI? Antes me compro una usada de Charly Montana”, decía el albañil antes de entrar al metro, donde los famosos partidos políticos regalaban camisetas hace ya algunos meses. Pensé lo mismo: antes, mucho antes, una de Charly Montana y sus greñas güeras al aire.
Y es que se lo han ganado. El desprestigio y las ganas de los votantes de no ver a los políticos nunca más, le darán vuelta a la historia tarde o temprano. El cinismo en la partidocracia será castigado por los habitantes de este país con el olvido de las “glorias”, como a Franco en España, de quien se han quitado ya estatuas y monumentos y han borrado su nombre (y el de sus compinches) de calles y plazas.
Aquí, cuando el destino nos alcance, pasará lo mismo, pero hay que tener cuidado. Con la política y la farándula mezclados de manera alarmante en la caza desesperada del voto, no queremos cambiar la Vía López Portillo por la Vía Gaviota, o Penal Santa Martha Acatitla por Penitenciaria Femenil Mayte Perroni.
Por eso me llamó tanto la atención el grito de furia del compañero albañil, que además terminó sentado junto a mí en el vagón. ¿Es hora ya de olvidarnos de los políticos y castigarlos donde más les duele, en el ego? Sí, el pueblo debe tomar las armas y salir a borrar nombres de calles y escuelas.
Imaginen a cien chamacos con sus uniformes de gala y botes de pintura dispuestos a borrar el nombre de su Pre escolar Luis Echeverría Álvarez, para después, con sus inocentes manos, pintar el nombre Pre escolar Teen Tops… o qué, ¿a poco no aprendieron a escuchar música con la versión en español de Rey Criollo o El rock de la cárcel?
Y así podemos seguirnos. Los DIF pueden ahora ser nombrados Centros de Desarrollo Infantil Chela Lora, que es de alguna manera la mejor primera dama (aunque a veces “marthea”) del rock nacional. La calle de los maestros (por culpa de Elba Esther) también puede cambiar su nombre honrando a VERDADEROS MAESTROS, es decir, llamarse Calle de Los Tepetatles, un mítico y efímero grupo de rock en el que militaban Carlos Monsiváis, Chava Flores, Alfonso Arau, José Luis Cuevas y Julián Bert. Incluso terminar con el pomposo nombre Complejo Deportivo Bicentenario para ponerle nada más Complejo Deportivo 20 años, celebrando a Café Tacuba en lugar de a todo lo que nos han dejado la independencia y la revolución.
Mejor aún, agotados nombres como Calzada La Lupita (estaría muy bien que se llamara así y llegara a La Villa) o Biblioteca Móvil Trolebús (¿dónde estarán ahora?), colonia Indie o barrio Tex-Tex, Hospital Regional Santa Sabina o Centro de Detención Juvenil Control Machete, y dejando claro que a los políticos de hoy no los queremos y no tendrán nunca una calle o gimnasio con su nombre (entre sus oscuros propósitos siempre está pasar a la posteridad a través de ello), recurriremos al rock internacional que también nos ha provocado inumerables alegrías.
Así, habrá desde un Aeropuerto Led Zeppelin hasta una Escuela de Diseño Industrial Metallica, un Jardín de Niños Coldplay y un Hospital de Especialidades The Cure; también podremos con cosas como Centro Psiquiátrico The Who, Hospital de la Ceguera Ray Charles, y el Centro de Estudios Religiosos Faith No More (o Judas Priest, por ese hay que votar); un zoológico The Animals y una Escuela de Medicina Veterinaria Def Leppard. Puede haber un Centro de Administración Fiscal Cheap Trick, el Centro de Atención a Mujeres Golpeadas Tina Turner y un parque comunitario Rolling Stones.
En lugar de bautizar parques, calles y alamedas, laboratorios y escuelas con nombres de políticos que debieron haber renunciado a su cargo, hay nombres mucho más dignos a nuestra disposición: Planetario “The Dark Side of the Moon”, Guardería Alice in Chains, una colonia Motorhead, otra Black Sabbath y una más que sea fresa como Las Lomas y que bien puede llamarse Unidad Residencial The Carpenters.
Con este ilustre movimiento ciudadano los políticos perderían, desde antes de postularse, la esperanza de quedar en la historia aunque sea dando su nombre a una calle de 15 metros, como el mismo Salinas lo pretendía (y detrás de él muchos más) y a quien le acaban de quitar el privilegio de que una taquería callejera hiper popular se hiciera llamar El chupacabras. Ya lo cerraron. Es el principio del fin.

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